
Hay un susurro que recorre tu cuerpo cuando te detenés a sentir. Una pulsión sutil que se esconde entre la rutina, las obligaciones y el cansancio… pero sigue viva. Es el deseo. No como antojo ni como urgencia, sino como un llamado profundo de tu alma a reconectarte con la vida, el placer, el gozo de habitarte entera.
Muchas veces lo hemos silenciado, lo hemos confundido con lo que otros dicen que debería ser. Pero hoy, chabona, te invito a mirarlo distinto: el deseo como una expresión espiritual que te devuelve al centro.

El deseo es una guía que te habla desde lo más genuino de vos. No siempre grita, muchas veces susurra. Y en esa sutileza habita su poder. Cuando te permitís escucharlo, no solo descubrís lo que querés, sino también quién sos en tu autenticidad más profunda.
El problema es que fuimos educadas para desconfiar de nuestros deseos, para minimizarlos o postergarlos por las demandas externas. ¿Cuántas veces deseaste algo y lo anulaste por miedo, culpa o vergüenza?
Recuperar el deseo es un acto de soberanía interna.
Deseo y energía vital: la dimensión espiritual del erotismo
En muchas tradiciones espirituales, el deseo está íntimamente ligado a la energía creadora. No se lo reprime, se lo canaliza, se lo honra, se lo cultiva. El deseo es una expresión de tu energía sexual, esa que no solo se manifiesta en lo genital, sino en tu capacidad de crear, de vincularte, de gozar de estar viva.
Cuando te conectás con tu energía sexual de forma consciente, despertás tu capacidad de sanar, de expandirte y de manifestar. El deseo es fuego. Y como todo fuego, puede quemar o puede iluminar. La clave está en aprender a encenderlo con presencia.
Vivir el deseo desde el cuerpo y no desde la mente
El deseo no se piensa, se siente. Muchas veces intentamos comprenderlo desde la mente, racionalizarlo o controlarlo. Pero el deseo no responde a estructuras, responde al movimiento interno del cuerpo.
Por eso, para despertarlo, hace falta volver al cuerpo. Respirar profundo. Sentir la piel. Honrar los ritmos. Liberar tensiones. No hay deseo si el cuerpo está rígido, dormido o desconectado.
Incorporar prácticas como la danza libre, el autotoque consciente, los masajes, la conexión con la naturaleza o el yoga femenino son caminos de reencuentro con el deseo desde un lugar amoroso y profundo.
Práctica de integración: Respirá tu deseo
Te propongo un ejercicio simple para comenzar a reconectar con tu deseo:
Elegí un momento del día solo para vos.
Sentate o recostate en un espacio cómodo y sin interrupciones.
Cerrá los ojos y llevá la atención a tu respiración. Inhalá profundo por la nariz, exhalá por la boca.
Visualizá una luz cálida encendiéndose en tu pelvis, como si despertaras un fuego suave y vital.
Preguntate en silencio: ¿Qué deseo está vivo en mí hoy?
No busques responder con la mente. Solo dejá que el cuerpo hable. Quizás una imagen, una emoción, una sensación… lo importante es escuchar sin juzgar.
Repetilo los días que necesites. Es tu ritual de reencuentro.
El deseo como camino de vuelta a vos
El deseo es sagrado. No te distraigas con la idea de que es algo superficial o egoísta. Es la forma que tiene tu alma de recordarte que estás viva, que merecés sentir, expandirte, gozar. Que hay vida más allá de la rutina.
Si este artículo te tocó alguna fibra, te invito a compartirlo con otras mujeres que también estén en este camino. Y si querés dejar un comentario, me encantaría leerte.
Porque cuando una mujer enciende su deseo, ilumina su mundo.
LO MAS RECIENTE
Melina Hollman ® 2025 | Política de Privacidad | Términos y Condiciones | By Conceptiva Digital