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Desear también se aprende: cómo cultivar el deseo más allá del impulso

A veces creemos que el deseo debería aparecer como un rayo, sin aviso. Que si no lo sentimos con fuerza, algo está mal. Pero, chabona, te tengo una verdad amorosa: no siempre se desea porque se siente… muchas veces se siente porque se empieza a hacer.

En este viaje de autoconocimiento y placer, desear también se aprende. Porque el deseo es una llama que puede prenderse sola o con ayuda. A veces aparece de manera espontánea, y otras necesita que la inviten, que la llamen, que la enciendan con acciones concretas, suaves, conscientes.

Dos formas de deseo: espontáneo y responsivo

El deseo espontáneo es ese que aparece sin buscarlo: un pensamiento, un roce, una mirada que enciende el cuerpo. Es lindo, sí. Pero no es el único camino al placer.

El deseo responsivo, en cambio, es el que se despierta luego de comenzar. No viene antes de la acción, viene después. Es el que florece cuando te regalás una caricia, un momento, una respiración profunda. No parte del fuego, parte del gesto.

Muchas mujeres, sobre todo en etapas de mucha demanda o transición (como maternidad, menopausia, estrés…), notan que “no sienten deseo”. Pero en realidad, no es que no existe, es que necesita ser cultivado de otra manera.

Dos formas de deseo: espontáneo y responsivo

El deseo responsivo nos enseña que el cuerpo responde al permiso, al juego y al cuidado. Que el placer no siempre empieza con ganas, pero sí puede terminar en gozo.

¿Cómo se cultiva este deseo?

  • A través del cuidado propio: descanso, rituales, tacto amoroso.

  • A través de acciones que despiertan los sentidos: música, aromas, movimiento, presencia.

  • A través de la intimidad emocional: una conversación sincera, una mirada, un abrazo sostenido.

No hace falta “tener ganas” para empezar. Hace falta empezar para abrirle espacio al deseo. El cuerpo no está roto. Solo está esperando ser escuchado con ternura.

Deseo como decisión amorosa

Acá va el giro más poderoso: desear no es solo una emoción o un impulso, también puede ser una decisión consciente.

Una mujer que elige cultivar su deseo, elige vivirse como energía creativa, como ser erótico, como alma encarnada. No porque tenga que estar “disponible”, sino porque reconoce que su vitalidad y su poder pasan por su relación con el placer.

El deseo no siempre es fuego salvaje. A veces es brasa lenta, calorcito suave, pulsión sutil. Pero está. Y cuando lo decidís, cuando lo alimentás, cuando le das espacio… te devuelve vida.

Práctica de integración: Invitá al deseo a tu día

Te propongo una práctica corta para cultivar el deseo responsivo:

  1. Tomá cinco minutos para vos.

  2. Elegí una parte de tu cuerpo que te guste, que sientas curiosidad o que hayas ignorado.

  3. Llevá allí tu respiración, tu atención y tu tacto.

  4. No busques excitarte. Solo observá qué pasa cuando te das ese permiso.

Podés hacerlo con una música suave, en silencio o en la ducha. Lo importante es empezar.

El deseo es camino, no solo chispa

Si esperás a que el deseo llegue solo, puede que lo sigas esperando. Pero si lo llamás, si lo cultivás, si le das espacio… se aparece. Y no solo en tu vida íntima, también en tu creatividad, en tu goce, en tu presencia.

Contame en los comentarios: ¿sabías que existía este tipo de deseo? ¿Cuál de los dos reconocés más en vos?

Y si te hizo sentido, compartilo con otras mujeres que, como vos, están volviendo a encender su fuego desde el alma.


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Melina Hollman | Espiritualmente Sexual
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